Camps premia la lealtad de la directora de Canal 9 haciéndola consellera

Lola Johnson es amiga personal de Camps

PACO CERDÀ VALENCIA Un premio a la lealtad. O en su lectura más crítica, una recompensa a la sumisión. Así se interpreta en su círculo íntimo el nombramiento de Lola Johnson, hasta ahora directora de TVV, como nueva portavoz del Consell y titular de la macroconselleria de Cultura, Turismo y Deporte. Durante los últimos cuatro años, los más complicados informativamente para el presidente Camps, Lola Johnson ha sido una pieza clave en la distorsionada imagen que Canal 9 ha trasladado del cap del Consell. Johnson fue la jefa de informativos de Canal 9 desde 2007 a 2009, y en octubre de ese año fue ascendida a directora de TVV. Ahora mismo, pues, era la número dos de la casa. Pero, según sus allegados, Lola Johnson era mucho más que eso. Era amiga personal de la familia Camps y el presidente de la Generalitat le tenía un gran aprecio personal y una enorme admiración profesional. Ayer la convirtió en la nueva cara del Consell.

Es licenciada en Derecho por la Universitat de València y su rostro —extrañamente negro para su exquisito valenciano, algo con lo que ella suele bromear entre sus próximos— se hizo conocido durante su etapa como presentadora del «Infomatiu Comunitat Valenciana» del centro territorial de TVE en Valencia. De ahí saltó a Punt 2. Copresentó junto con Ricardo Bellveser el programa cultural Encontres y luego pasó a dirigir el segundo canal autonómico antes de pisar las alturas de Canal 9 y, desde allí, endurecer la línea informativa del canal mientras arreciaban las tormentas políticas por Gürtel, Brugal, el caso Fabra o Terra Mítica…
A pesar de ser una outsider de la política, Lola Johnson llega al cargo de portavoz —el más visible y determinante de cuantos atesorará— muy marcada políticamente. De hecho, a los pocos minutos de anunciarse su nombramiento, las redes sociales hervían de indignación por el enésimo trasvase de altos cargos Generalitat-RTVV. La coordinadora de Esquerra Unida, Marga Sanz, tampoco tardó en afirmar que «mientras en la calle la gente pide transparencia, Camps confía la comunicación de su política a quien no ha tenido vergüenza de aplicar la más burda manipulación partidista en un medio público».
Sus conocidos la describen como una persona educada, agradable en el trato personal y más amante del guante de seda con pulso firme que de la mano de hierro y el golpe en la mesa. Es, sin duda, la apuesta de Camps más desconcertante y arriesgada. Y?tal vez, la más leal.
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