Europa IV: El inmigrante islámico

En la línea de mis últimos comentarios sobre Europa y su ciudadanía, hoy ahondo un poco más en los inmigrantes, pero en este caso en los islámicos.

Al contrario que la Iglesia católica, el Islam, nunca se ha topado con frenos ni condicionamientos en su entorno cultural. Además el Islam, nace como una “fe universal” armada y guerrera. Según la visión islámica, el mundo tiene dos zonas, la tierra de Islam y la tierra de guerra santa, que el creyente debe conquistar para la fe.

El islamismo penetra no sólo en la ley islámica, sino también de alguna forma, en la vida política, social y cultural del creyente. De lo que razonamos que el Estado islámico es un Estado teocrático, “promotor de…” y “sometido al…” camino de Alá.

El inmigrante islámico es para nosotros el más distante, el más extranjero, el más difícil de integrar… Al islámico, los valores de la civilización occidental, le suelen parecer una aberración, y una vez aquí su nueva posición dependerá de cómo se gestione.

El creyente de Alá, lo tiene difícil para salir de su comunidad. Si participa de las reuniones y ceremonias colectivas, estará poderosamente condicionado por ellas, y si no lo hace será señalado con el dedo.

Pero más que saber si es fácil para el musulmán integrarse en la sociedad occidental, deberíamos preguntarnos ¿se quiere integrar? El Islam no posee esa flexibilidad de adaptación, ni tampoco la alienta. A la primera oleada de los islámicos les falta la actitud y seguramente el deseo de integrarse.

El verdadero reto lo encontramos entonces, con sus hijos, y este reto se da en la escuela.

La Iglesia pide en Italia más escuelas privadas al gobierno, para expansión del catolicismo, pero el gobierno italiano, que de momento se niega, correría el riesgo de que los árabes hicieran lo propio, y escuelas privadas islámicas favorecerían la desintegración en lugar de la integración.

Necesitamos esa integración, porque de lo contrario, la comunidad islámica se reforzará en el aislamiento, en su fideísmo, y formará ghetos, que se verán después reforzados por la llegada de las escuelas islámicas privadas.

Integración. ¿Qué es la integración? ¿Homogeneizar? ¿Incorporar? ¿Incluir? ¿Asimilar? ¿Diversificar? ¿Segmentar? ¿Separar?, antes de querer “integración” sepamos bien qué queremos lograr. La integración y el pluralismo, a lo único que deben aspirar es: a enriquecer recíprocamente las culturas y a facilitar la sana convivencia de las distintas identidades culturales.

Y si se integran, ¿lograrán subir peldaños en la estratificación social o seguirán en el más bajo de los escalones? Casi con toda seguridad no lo lograrán. Los inmigrantes musulmanes pobres, provienen de países donde se les ha educado deficientemente o nulamente (en los peores casos), y esto los encasilla a aceptar trabajos más precarios, para los que no se requiere preparación académica, esto los encierra en un círculo de marginación social, y lo que es peor, este circulo también puede encasillar a sus hijos.

Sin duda, nos encontramos aquí con otra necesidad, que los inmigrantes se empleen, porque de lo contrario, ni prosperarán ni nos harán prosperar.

Hablemos ahora de derechos, los derechos “humanos”, el término de por sí, también es bastante amplio y no exento de discusión. Uno de los derechos humanos de la persona es el “derecho a asilo”. Para las Naciones Unidas el término “refugiado” se aplica a cualquier persona que tiene fundadas razones para considerarse perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad… que se encuentra fuera del país de su nacionalidad, y que no puede o no quiere, por temor, recurrir a la protección de su país”. Así, en países como Italia se vincula a este concepto la “situación de fugitivos” acogidos en el país, porque en ella, conceden derecho de asilo-entrada a los kurdos ¿cómo negárselo a los chechenios (en Rusia), a los sudaneses cristianos, a los tamil, a los cristianos (en Indonesia) y así sucesivamente?

Estamos abriendo nuestras puertas ¿a cuántos? Naciones Unidas estimaba en 1999, que hay alrededor de 15 millones de “refugiados genuinos”; pero es que, si para ser “refugiado genuino” con “derecho a asilo” basta con salir del propio país, esta cifra se multiplicará, ya que existen más de 35 conflictos armados, que ponen en peligro y en fuga a habitantes de miles de ciudades…

¿Qué sacamos en claro de todo esto? ¿Cómo hay que regular la inmigración? En Italia, a menudo, se detienen a inmigrantes irregulares, y ante la negativa de estos de identificarse (para no ser deportados) se les encarcela 30 días, tras los cuales, salen de nuevo libremente, con el beneplácito de las autoridades ¿Esto qué es? No sólo se les trata igual que a los delincuentes italianos, se les trata mejor.

En EEUU, por ejemplo, a quien entra como residente, se le registra la huella digital, en Italia sin embargo, ni al inmigrante irregular se le hace, porque supone una discriminación y un abuso de “derechos humanitarios”…

Según Giovanni Sartori, hoy ya no se habla de derechos de la ciudadanía, se habla de “ciudadanía civil”, “ciudadanía sin fronteras”, “ciudadanía sustancial”, “ciudadanía parcial”, “ciudadanía funcional”,… ¿son necesarios todos estos acuñamientos? ¿Para qué? ¿Sirven sólo para legitimar y equiparar al inmigrado con el ciudadano? Si es así, mejor que se diga claramente y sin distorsiones, sin arruinar el derecho.

El problema es que es muy fácil criticar, como hace Giovanni Sartori, con el cual incluso coincido en parte, pero pienso, que debería acompañarse la crítica de una tentativa de solución, ya que destruir es fácil, pero hay que hacerlo constructivamente.

En mi opinión, nos encontramos ante un problema muy difícil de digerir, y cuyas soluciones serán costosas si llegan y si lo hacen a tiempo. Y desde luego, las soluciones serán incómodas y complicadas para una “Unión Europea” que necesita cohesión. Más aún en los tiempos que corren, con esta crisis mundial que está dejando sin empleo a inmigrantes y a ciudadanos autóctonos.

Juanjo.

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