La tolerancia a la corrupción

Hoy os dejo una colaboración de una amiga, aunque prefiere permanecer en el anonimato:

Explicaciones psicológicas sobre la tolerancia hacia la corrupción:

el fenómeno de la disonancia cognitiva

Dicen las encuestas que de celebrarse hoy unas elecciones de ámbito autonómico en la Comunitat Valenciana el Partido Popular revalidaría, e incluso mejoraría sus resultados electorales del año 2007. Otras estimaciones generalizan esta tendencia en otros fortines del PP, Madrid y Murcia, donde los populares parecen no tocar techo y los socialistas aún buscan su suelo. En plena vorágine “Gürtel” Valencia, Murcia y Madrid resisten y mejoran las expectativas de los Camps, Aguirre y Valcárcel. ¿Qué está pasando? Algunos siguen sorprendiéndose, quizá esperando que la madurez de la sociedad explote en un halo de indignación. Presuponer cierta maduración en una ciudadanía que viene de probar las excelencias del dinero negro, la pillería comercial y la especulación, es mucho suponer. La izquierda no puede esperar que el ciudadano medio termine racionalizando que la corrupción es uno de los grandes males de nuestra economía. Ese parece el papel de PSOE y otros partidos progresistas: guardar silencio, exigir respeto a las instituciones y mojarse poco o nada, que los jueces ya decidirán. Las responsabilidades políticas se cobrarán solo después de que la justicia se pronuncie. Ese parece el plan. Y éstos son los resultados.

 

 

 

 

 

La izquierda vuelve a pecar de omisión desperdiciando la oportunidad de crear una corriente de opinión que termine calando en la calle. Se desprecia el debate ideológico, se renuncia a la pedagogía necesaria que explique al ciudadano los efectos de la corrupción generalizada, y se permite que la derecha cuele sus propios debates, la persecución de los fiscales y del gobierno, creando sospechas que cristalizan en la opinión pública de los ciudadanos, sobre todo cuando las acusaciones no se topan con respuestas contundentes desde filas socialistas. Se desprecia, y ése ha sido un gravísimo error, el potencial contaminante de las teorías de la conspiración. Por ejemplo en la Comunitat Valenciana una inmensa mayoría de ciudadanos creen y piensan que las operaciones contra la corrupción están dirigidas maliciosamente por el gobierno. La corrupción no se paga, entre otras razones, porque la gente siente que la justicia no es independiente y está politizada y dirigida por el gobierno de turno. Con una pizca de propaganda, los supuestos corruptos terminan vendiendo un victimismo regionalista “nos persiguen porque aquí no les votan” que cala en una sociedad necesitada de “causas en común”, sobre todo cuando los gobernantes crean “enemigos exteriores” (los catalanes, los vascos, los manchegos, etc).

 

 

 

 

 

Si los ciudadanos terminan asumiendo las teorías de la conspiración como una explicación lógica, se debe principalmente a un fenómeno que en psicología denominamos “disonancia cognitiva”, un término acuñado por Leon Festinguer que hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas. El ciudadano termina asumiendo aquella idea o creencia que mejor se acopla a su sistema de valores y decisiones predominante en ese momento. “Creo a quienes he votado a pesar de las sospechas, de lo contrario estoy reconociendo que me he equivocado apoyando a unos corruptos, ergo mantengo mi creencia de que no son corruptos, es una persecución política”. Llevar años defendiendo unas políticas (y a unos políticos) y que de un golpe unos hechos te demuestren en la cara que te has equivocado genera una tensión intelectual enorme, y ahí radica el “periodo de debilidad” del potencial votante. Está confuso, y el político que antes lance un argumento que reduzca esa tensión se llevará el gato al agua. El único discurso es el de la teoría de la conspiración: consecuencia, ya no hay disonancia, el PP se ha ganado de nuevo la confianza. He ahí una explicación psicológica de la resistencia a la condena rotunda a la corrupción. He ahí otra explicación de la pérdida de apoyos al gobierno por parte de votantes socialistas: sufren disonancia cognitiva cuando defienden que este gobierno proteje a los trabajadores y clases medias, y de golpe, se encuentran con que el gobierno “ayuda” a la banca y sube los impuestos indirectos (?).

 

 

 

 

 

Manejar estos conceptos es imprescindible en cualquier gabinete de comunicación en un partido. Hacer mucha pedagogía y generar opinión e información es crucial, y la izquierda no parece estar por la labor. Cualquier transformación social, y por ende electoral, nace de una perspectiva psicológica individual y combinada. La izquierda no busca corregir la disonancia ni rebate los argumentos falaces de la derecha política y económica; peor aún, no cuenta con un arsenal de poderosos argumentos persuasivos, ni con una estrategia definida que asegure un cierto éxito a medio largo plazo. No se entiende que la izquierda española no haya sabido conectar el debate de la corrupción con las causas y los efectos de la crísis. No solo no sabe disminuir los efectos de la disonancia cognitiva en los debates que podrían denominarse “defensivos” para sus propios intereses (potenciales votantes desencantados), sino que no es capaz de generar a su vez disonancias cognitivas en los debates “al ataque” que se deben plantear para pescar en el caladero de los votantes indecisos del “centro”. ¿No se podría generar tensión emocional en aquellos que piden ayudas del estado mientras apoyan con sus actos y decisiones a quienes despilfarran fondos públicos? Seguramente sería un camino a seguir, pero se encontrarían otros a sumar para lograr resultados positivos en la opinión pública. Pero la izquierda tiene que entender de una vez por todas que esos debates hay que generarlos, no caen del cielo ni Génova te los va a servir en bandeja. Esta disonancia no la sienten valencianos, ni murcianos, ni madrileños porque el PP ha logrado neutralizarla con sus teorías y propagandas. Ese es el problema. Y la izquierda, no sabe no contesta.

 

 

Saludos.

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3 comentarios

  • Toc, Toc, llamando al PSOE, toc, toc, llamando al PSOE, toc, toc, ¿hay alguien?, toc, toc, ¿Estás ahí PSOE?, toc, toc, reclamando al PSOE, toc, toc, ¿donde estais, toc, toc, ¿estais?, toc, toc, ¿hay alguien, toc, toc,
    Cambio y corto.

  • El marketing es crucial en el sistema político actual y cuanto antes nos pongamos en marcha en este sentido, mejor nos irá.Somos carne de cañón de oposición. Nos quedamos siempre en lo superficial. Así es imposible revertir situaciones como la valenciana o la murciana.

  • Muy bien: Sin duda tiene su explicación desde el ámbito de la psicología. La pregunta subsiguiente es, ¿Cómo combatimos esto? ¿Qué mecanismos hay que utilizar para concienciar al personal? Si vamos a utilizar los mismos que ellos vamos dados. “Yo no quiero pertenecer a un club que admita a alguien como yo.” Sólo la conciencia cívica, la educación, el respeto, el sentido común, etc. podrán salvarnos del desastre al que nos quieren llevar.

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